Self portrait with skeleton by Marina Abramovic

June 24, 2011 § 1 Comment

Self portrait with skeleton by Marina Abramovic 2003

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“Morte a Venezia” by Luchino Visconti

June 20, 2011 § Leave a comment


L’ultima sequenza del film Morte a Venezia accompagnata dalla Sinfonia No.5 – 4th Mov. Adagietto di Mahler

The Holocaust

June 20, 2011 § Leave a comment

Auschwitz Concentration Camp (Auschwitz-Birkenau). 23 August 1944 (Taken)
Unique photograph shows clouds of thick smoke rising from the Auschwitz camp. At this stage in the history of Auschwitz, in the final months of the war, we now know the number of people being killed was so high that the crematories were unable to burn all the corpses.

This image graphically illustrates, the burning of these mass funeral pits. When viewed at high-resolution, prisoners can be seen on roll-call. The camp commandant, Rudolf Höß, testified at the Nuremberg Trials that up to 3 million people had died at Auschwitz.

© RCAHMS. Licensor http://www.scran.ac.uk.

Prisoner 44.904

June 14, 2011 § Leave a comment

L’entretien avec Jorge Semprún, résistant en France et déporté à Buchenwald, écrivain, scénariste, ancien membre du comité central du Parti communiste espagnol et ancien Ministre de la Culture, permet de mieux connaitre son oeuvre consacrée à sa déportation et les autres oeuvres sur la déportation qui ont marqué sa vie . Cette partie est consacrée à la mémoire des déportés, au témoignage et à la littérature concentrationnaire.

 El prisionero número 44904 –
 Xavier Antich

Published in La Vanguardia, 13.06.2011

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20110613/54169493799/el-prisionero-numero-44-904.html

“No me quedan personajes ficticios que mueran en mi lugar. Todos mis seudónimos, todos mis nombres de guerra han sido utilizados, dispersados por el desértico viento de la muerte. Se acabaron los Artigas, los Larrea y los Bustamante, se acabaron los fantasmas de carne y hueso que mandaba al sacrificio. Han cumplido su función, valientemente. Heme aquí solitario y desnudo ante la muerte. Elegirá su momento; yo estaré listo. A decir verdad, hace algún tiempo que lo estoy”. Así escribía Jorge Semprún en 1998, en su libro Adiós, luz de veranos… Semprún, uno de los más grandes intelectuales de nuestro tiempo, autor de una obra literaria incomparable cincelada a partir de su experiencia personal, siempre fue muy consciente de que, a través de algunos de sus personajes, podía hablar de sus verdades más íntimas. Por eso, tampoco no dudaba en que esos personajes, a la vez heterónimos y alter ego, murieran a menudo en sus novelas: todas esas muertes ficticias, decía, “eran señuelos que enarbolaba ante el hocico del negro toro de mi propia muerte, la muerte a la que estoy desde siempre destinado”. Pero ahora, desaparecido Semprún, ¿cómo hablar de él cuando ya no está aquí? ¿Cómo hablar de él, que nunca pensó que hubiera sobrevivido realmente a la muerte, o que la hubiera evitado, sino que había sido atravesado por ella?

Su experiencia, con veinte años, de prisionero en el campo de concentración nazi de Buchenwald, durante dieciséis meses, marcaría desde entonces, para siempre, los años que estaban por llegar. Hay experiencias que marcan una vida. Y Semprún nunca dejaría de llevar consigo el olor a carme humana quemada, “la llama anaranjada del crematorio cegándome los ojos”. Tardará dos décadas en conseguir expresarlo, en ponerlo por escrito, en acercarse a su verdad estremecedora. Y, cuando empiece, ya no podrá parar.

Blanchot expresó una paradoja que ha marcado una antinomia casi irresoluble para la literatura testimonial de los campos nazis. Lo hizo recordando los papelillos escondidos en los alrededores de las cámaras de gas. Algunos decían, obsesivamente, como una botella lanzada hacia el futuro desde el naufragio, “no olvidéis”. Otros, dando voz a un presagio inquietante, anunciaban, “nunca sabréis”. A partir de entonces, habría que recordar, sin cesar, lo sucedido. Y, sin embargo, por esfuerzos que se hicieran, tal vez nunca se acertara a comprender del todo lo que allí pasó. Este imperativo contradictorio ha marcado nuestra época. Y, en cierto sentido, ha generado una cierta mística de lo indecible e irrepresentable, de lo inefable.

Semprún, convencido como estuvo siempre de que todo se puede decir, dio un paso más allá y nos legó una herencia memorable. Por una parte, se preguntó a menudo “¿para qué escribir libros si no se inventa la verdad?”. Pues de lo que se trataba, en el fondo, no era de contar, sino de comprender: no de los hechos, simplemente, sino de su verdad. Y, junto a ello, el añadido aparentemente paradójico, inspirado en Boris Vian: “todo era real porque todo lo había inventado yo, y no porque lo hubiera vivido”. Esa es la lección de la literatura testimonial de Semprún, que vivió obsesionado desde 1945, cuando la liberación de los campos, por cómo contar todo aquello, cómo alcanzar su verdad. Todos los supervivientes lo buscaron a su modo, intentando encontrar, cada uno a su modo, con la clave que hiciera posible el testimonio.

Muchos otros, desde una perspectiva teológica, hablaron, y se inquietaron, por lo que denominaron el silencio de Dios. Para Semprún, y esa era la esencia, a su juicio, del Mal radical, de lo que se trataba no era del silencio de Dios, sino del silencio de los hombres. Por eso, toda su obra se despliega bajo la sombra de una imagen poderosísima contenida en El largo viaje: al salir de Buchenwald, se acercó a la vecina Weimar, la ciudad de Goethe, que veían desde el campo. Dio con una casa, llamó, encontró a su dueña, le pidió entrar, recorrió solícito la casa, hasta llegar al cuarto de estar, del que la mujer comentó lo confortable que era. Y ya está. Allí lo vio. Tras las ventanas, a lo lejos, la chimenea del campo. Y la pregunta, a ella, de un Semprún que, entonces, “quisiera estar muerto”, una pregunta que ya no necesitó esperar ninguna respuesta: “al atardecer, cuando las llamas desbordaban la chimenea del crematorio, ¿veían ustedes las llamas del crematorio?”. Ahí estaba todo y todo lo vio ya entonces Semprún.

Frente a ese Mal absoluto, toda la obra de Semprún es el intento de oponer una idea de la fraternidad a esa imagen del infierno que es, no el horror en sí, sino la contemplación indiferente del horror de los otros. La fraternidad frente al Mal.

De ahí su temor, expresado en La escritura o la vida: “Llegaría un día, relativamente cercano, en el que ya no quedaría ningún superviviente de Buchenwald: ya nadie sería capaz de decir, con palabras surgidas de la memoria carnal y no de una reconstrucción teórica, lo que habrán sido el hambre, el sueño, la angustia, la presencia cegadora del Mal absoluto -en la justa medida en que anida dentro de cada uno de nosotros, en tanto que libertad posible-. Ya nadie tendría en su alma y su cerebro, indeleble, el olor a carne quemada de los hornos crematorios”. Hoy, con la desaparición de Semprún, ese día cada vez está más cerca. No es fácil prepararse para cuando llegue. Tal vez ayuden, de nuevo, las palabras de Semprún: “sólo los escritores podrán resucitar la memoria viva y vital, la vivencia de los que habremos muerto

Published in La Vanguardia, 13.06.2011

First Chechen War

June 1, 2011 § Leave a comment

The First Chechen War, also known as the War in Chechnya, was a conflict between the Russian Federation and the Chechen Republic of Ichkeria, fought from December 1994 to August 1996. After the initial campaign of 1994–1995, culminating in the devastating Battle of Grozny, Russian federal forces attempted to seize control of the mountainous area of Chechnya but were set back by Chechen guerrilla warfare and raids on the flatlands in spite of Russia’s overwhelming manpower, weaponry, and air support. The resulting widespread demoralization of federal forces, and the almost universal opposition of the Russian public to the conflict, led Boris Yeltsin‘s government to declare a ceasefire in 1996 and sign a peace treaty a year later. The official figure for Russian military death toll is 5,500, while most estimates put the number between 3,500 and 7,500, or even as high as 14,000.[6] Although there are no accurate figures for the number of Chechen militants killed, various estimates put the number at about 3,000 to over 15,000 deaths. Various figures estimate the number of civilian deaths at between 30,000 and 100,000 killed and possibly over 200,000 injured, while more than 500,000 people were displaced by the conflict, which left cities and villages across the republic in ruins.[7]

[Wikipedia]

Anna Politkovskaya

June 1, 2011 § Leave a comment

Anna Stepanovna Politkovskaya ( 30 August 1958 – 7 October 2006) was a Russian journalist, author and human rights activist well known for her opposition to the Chechen conflict and then-President of Russia Vladimir Putin. On 7 October 2006 she was shot dead in the lift of her block of flats, an unsolved[2] assassination that continues to attract international attention.

Politkovskaya made her name reporting from Chechnya.[5] Her constant stream of articles after 1999 about conditions in Chechnya were turned into several books[6] but Russian readers’ main access to her investigations and publications was through Novaya gazeta, a Russian newspaper well-known in the country for its critical and investigative coverage of Russian political and social affairs. From 2000 onwards she received numerous prestigious international awards for her work. In 2004 she published a personal account: Putin’s Russia.[7]

[Wikipedia]

Where Am I?

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