Suicide: Mike Kelly

February 3, 2012 § Leave a comment

Mike Kelley (October 27, 1954 – January 31, 2012 or February 1, 2012) was an American artist. His work involved found objects, textile banners, drawings, assemblage, collage, performance and video. He often worked collaboratively and had produced projects with artists Paul McCarthy, Tony Oursler and John Miller.

Die Stolpersteine

January 3, 2012 § Leave a comment

Stolperstein is the German word for “stumbling block”, “obstacle”, or “something in the way”.  The artist Gunter Demnig has given this word a new meaning, that of a small, cobblestone-sized memorial for a single victim of Nazism. These memorials commemorate individuals – both those who died and survivors – who were consigned by the Nazis to prisons, euthanasia facilities, sterilization clinics, concentration camps, and extermination camps, as well as those who responded to persecution by emigrating or committing suicide.

While the vast majority of stolpersteine commemorate Jewish victims of the Holocaust, others have been placed for Sinti and Romani people (also called gypsies), homosexuals, Jehovah’s Witnesses, Black people, Christians (both Protestants and Catholics) opposed to the Nazis, members of the Communist Party and the Resistance, military deserters, and the physically and mentally disabled.

The list of places that have stolpersteine now extends to several countries and hundreds of cities and towns.

As of June 24, 2011, Demnig had installed 30,000 stolpersteine.

Berlin: there are about 2,950 stolpersteine.

Hamburg: as of April 15, 2009, there are 2,600 stolpersteine. There’s another stolperstein in memoriam of a former senator, 15 paces to the right of the entrance of Hamburg’s town hall. Many papers report about the project and expand the research. Between 1941 and 1945 10,000 Jews were deported from Hamburg.

Cologne: by the beginning of 2005, 1,400 stolpersteine had been placed.

Kostnice (The Ossuary) 1970 by Jan Švankmajer, 1970

December 24, 2011 § Leave a comment

Director: Jan Švankmajer
Year: 1970
Music: Zdenek Liska

Kostnice Sedlec is a small Roman Catholic chapel, located beneath the Cemetery Church of All Saints (Czech: Hřbitovní kostel Všech Svatých) in Sedlec, a suburb of Kutná Hora in the Czech Republic. The ossuary is estimated to contain the skeletons of between 40,000 and 70,000 people, many of whom have had their bones artistically arranged to form decorations and furnishings for the chapel.

During the Black Death in the mid 14th century, and after the Hussite Wars in the early 15th century, many thousands were buried there and the cemetery had to be greatly enlarged.

Around 1400 a Gothic church was built in the center of the cemetery with a vaulted upper level and a lower chapel to be used as an ossuary for the mass graves unearthed during construction, or simply slated for demolition to make room for new burials. After 1511 the task of exhuming skeletons and stacking their bones in the chapel was, according to legend, given to a half-blind monk of the order.

In 1970, the centenary of Rint’s contributions, Czech filmmaker Jan Švankmajer was commissioned to document the ossuary. The result was a 10 minute long frantic-cut film of skeletal images overdubbed with an actual tour-guide’s neutral voice narration. This version was initially banned by the Czech Communist authorities for alleged subversion, and the soundtrack was replaced by a brief spoken introduction and a jazz arrangement by Zdeněk Liška of the poem “Comment dessiner le portrait d’un oiseau” (“How to Draw the Portrait of a Bird”) by Jacques Prévert. Since the Velvet Revolution, the original tour guide soundtrack has been made available.

Official website (cz, en, de)

Galvanism or animal electricity

November 2, 2011 § Leave a comment

In biology, galvanism is the contraction of a muscle that is stimulated by an electric current. In physics and chemistry, it is the induction of electrical current from a chemical reaction, typically between two chemicals with differing electronegativities. [Wikipedia]

Taxidermy as Epiphany of Death

October 29, 2011 § Leave a comment

From the Series “Taxidermy as Epiphany of Death”. (c) Connie Mendoza & Nik Pitton

“[..] Taxidermy was about the single story, about nature’s unity, the unblemished type specimen. Taxidermy became the art most suited to the epistemological and aesthetic stance of realism. The power of this stance is in its magical effects:what is so painfully constructed appears effortlessly, spontaneously found, discovered, simply there if one will only look. Realism does not appear to be a point of view, but appears as a “peephole into the jungle” where peace may be witnessed. Epiphany comes as a gift, not as the fruit of merit and toil, soiled by the hand of man. Realistic art at its most deeply magical issues in revelation. This art repays labor with transcendence. Small wonder that artistic realism and biological science were twin brothers in the founding of the civic order of nature at the American Museum of Natural History. It is also natural that taxidermy and biology depend fundamentally upon vision in a hierarchy of the senses; they are tools for the construction, discovery of form.”

Primate Visions, Donna Haraway . pp 38-40

Prisoner 44.904

June 14, 2011 § Leave a comment

L’entretien avec Jorge Semprún, résistant en France et déporté à Buchenwald, écrivain, scénariste, ancien membre du comité central du Parti communiste espagnol et ancien Ministre de la Culture, permet de mieux connaitre son oeuvre consacrée à sa déportation et les autres oeuvres sur la déportation qui ont marqué sa vie . Cette partie est consacrée à la mémoire des déportés, au témoignage et à la littérature concentrationnaire.

 El prisionero número 44904 –
 Xavier Antich

Published in La Vanguardia, 13.06.2011

http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20110613/54169493799/el-prisionero-numero-44-904.html

“No me quedan personajes ficticios que mueran en mi lugar. Todos mis seudónimos, todos mis nombres de guerra han sido utilizados, dispersados por el desértico viento de la muerte. Se acabaron los Artigas, los Larrea y los Bustamante, se acabaron los fantasmas de carne y hueso que mandaba al sacrificio. Han cumplido su función, valientemente. Heme aquí solitario y desnudo ante la muerte. Elegirá su momento; yo estaré listo. A decir verdad, hace algún tiempo que lo estoy”. Así escribía Jorge Semprún en 1998, en su libro Adiós, luz de veranos… Semprún, uno de los más grandes intelectuales de nuestro tiempo, autor de una obra literaria incomparable cincelada a partir de su experiencia personal, siempre fue muy consciente de que, a través de algunos de sus personajes, podía hablar de sus verdades más íntimas. Por eso, tampoco no dudaba en que esos personajes, a la vez heterónimos y alter ego, murieran a menudo en sus novelas: todas esas muertes ficticias, decía, “eran señuelos que enarbolaba ante el hocico del negro toro de mi propia muerte, la muerte a la que estoy desde siempre destinado”. Pero ahora, desaparecido Semprún, ¿cómo hablar de él cuando ya no está aquí? ¿Cómo hablar de él, que nunca pensó que hubiera sobrevivido realmente a la muerte, o que la hubiera evitado, sino que había sido atravesado por ella?

Su experiencia, con veinte años, de prisionero en el campo de concentración nazi de Buchenwald, durante dieciséis meses, marcaría desde entonces, para siempre, los años que estaban por llegar. Hay experiencias que marcan una vida. Y Semprún nunca dejaría de llevar consigo el olor a carme humana quemada, “la llama anaranjada del crematorio cegándome los ojos”. Tardará dos décadas en conseguir expresarlo, en ponerlo por escrito, en acercarse a su verdad estremecedora. Y, cuando empiece, ya no podrá parar.

Blanchot expresó una paradoja que ha marcado una antinomia casi irresoluble para la literatura testimonial de los campos nazis. Lo hizo recordando los papelillos escondidos en los alrededores de las cámaras de gas. Algunos decían, obsesivamente, como una botella lanzada hacia el futuro desde el naufragio, “no olvidéis”. Otros, dando voz a un presagio inquietante, anunciaban, “nunca sabréis”. A partir de entonces, habría que recordar, sin cesar, lo sucedido. Y, sin embargo, por esfuerzos que se hicieran, tal vez nunca se acertara a comprender del todo lo que allí pasó. Este imperativo contradictorio ha marcado nuestra época. Y, en cierto sentido, ha generado una cierta mística de lo indecible e irrepresentable, de lo inefable.

Semprún, convencido como estuvo siempre de que todo se puede decir, dio un paso más allá y nos legó una herencia memorable. Por una parte, se preguntó a menudo “¿para qué escribir libros si no se inventa la verdad?”. Pues de lo que se trataba, en el fondo, no era de contar, sino de comprender: no de los hechos, simplemente, sino de su verdad. Y, junto a ello, el añadido aparentemente paradójico, inspirado en Boris Vian: “todo era real porque todo lo había inventado yo, y no porque lo hubiera vivido”. Esa es la lección de la literatura testimonial de Semprún, que vivió obsesionado desde 1945, cuando la liberación de los campos, por cómo contar todo aquello, cómo alcanzar su verdad. Todos los supervivientes lo buscaron a su modo, intentando encontrar, cada uno a su modo, con la clave que hiciera posible el testimonio.

Muchos otros, desde una perspectiva teológica, hablaron, y se inquietaron, por lo que denominaron el silencio de Dios. Para Semprún, y esa era la esencia, a su juicio, del Mal radical, de lo que se trataba no era del silencio de Dios, sino del silencio de los hombres. Por eso, toda su obra se despliega bajo la sombra de una imagen poderosísima contenida en El largo viaje: al salir de Buchenwald, se acercó a la vecina Weimar, la ciudad de Goethe, que veían desde el campo. Dio con una casa, llamó, encontró a su dueña, le pidió entrar, recorrió solícito la casa, hasta llegar al cuarto de estar, del que la mujer comentó lo confortable que era. Y ya está. Allí lo vio. Tras las ventanas, a lo lejos, la chimenea del campo. Y la pregunta, a ella, de un Semprún que, entonces, “quisiera estar muerto”, una pregunta que ya no necesitó esperar ninguna respuesta: “al atardecer, cuando las llamas desbordaban la chimenea del crematorio, ¿veían ustedes las llamas del crematorio?”. Ahí estaba todo y todo lo vio ya entonces Semprún.

Frente a ese Mal absoluto, toda la obra de Semprún es el intento de oponer una idea de la fraternidad a esa imagen del infierno que es, no el horror en sí, sino la contemplación indiferente del horror de los otros. La fraternidad frente al Mal.

De ahí su temor, expresado en La escritura o la vida: “Llegaría un día, relativamente cercano, en el que ya no quedaría ningún superviviente de Buchenwald: ya nadie sería capaz de decir, con palabras surgidas de la memoria carnal y no de una reconstrucción teórica, lo que habrán sido el hambre, el sueño, la angustia, la presencia cegadora del Mal absoluto -en la justa medida en que anida dentro de cada uno de nosotros, en tanto que libertad posible-. Ya nadie tendría en su alma y su cerebro, indeleble, el olor a carne quemada de los hornos crematorios”. Hoy, con la desaparición de Semprún, ese día cada vez está más cerca. No es fácil prepararse para cuando llegue. Tal vez ayuden, de nuevo, las palabras de Semprún: “sólo los escritores podrán resucitar la memoria viva y vital, la vivencia de los que habremos muerto

Published in La Vanguardia, 13.06.2011

Le squelette joyeux, Auguste & Louis Lumière (1895)

February 18, 2011 § Leave a comment

Where Am I?

You are currently browsing the afterlife category at The Image and the Death.